FÚTBOL - La lesión de Marcelo ha dejado al Madrid sin una de las salidas de balón más dañinas para sus rivales. Con un juego poco elaborado, prácticamente nada combinativo, el despliegue que quiere Mourinho de su equipo es veloz, eléctrico, directo, y por lo tanto muchas veces impreciso, y con la ausencia del lateral brasileño los blancos han perdido una de sus piezas clave para lo que desea el técnico portugués: la sorpresa.
La temporada pasada también se pudo comprobar la importancia en ataque, muchas veces infravalorada, de los carrileros. Fue con el Barça y su 3-4-3. Con sólo tres hombres detrás, los laterales estaban obviamente privados casi siempre de subir hasta la línea de fondo, con lo que los centrocampistas perdían opciones de pase y, por lo tanto, capacidad de sorprender. Con buenos laterales el campo se hace amplio; sin ellos, se estrecha.
La diferencia con el Barça de esta temporada es abismal en este sentido. Zubizarreta y Vilanova entendieron que el Barça es más fuerte en ataque con cuatro defensas, algo que en principio parecería contradictorio, y apostaron por mantener a Adriano -del que se habló que podría irse-, ficharon a Alba, una máquina de subir, y han hecho de Montoya una realidad del primer equipo. Mucha parte de culpa del mejor inicio de la historia en Liga la tienen ellos, los defensas-delanteros.
Ahora, el Madrid no tiene juego de construcción y pausa -porque su entrenador no es partidario de ello- y no tiene capacidad de sorpresa con sus carrileros. Ayer, el Madrid jugó con Essien en el lateral izquierdo, que evidentemente no posee la capacidad de recorrido en banda, y Arbeloa en el derecho, que defensivamente es bueno pero en ataque es invisible. Otro ejemplo más que muestra que para atacar bien es esencial tener defensas que no paren de atacar.