Digamos la verdad. ¿Acaso el año pasado se le supo sacar rendimiento a Pedro tras su lesión? ¿Acaso se le sacó a Piqué? Muchos consideraron la figura de Guardiola como algo innegociable, como si su marcha significara también la fuga de la llave de todo, cuando lo que realmente hizo Pep es dejar el trabajo hecho a su sucesor. Su relevo sólo tenía que adaptar todo lo bueno que dejó Guardiola y descartar lo que no funcionó durante la última temporada. Y para apartar lo negativo no había que ser un lince: la defensa de tres decepcionaba porque, entre otras cosas, provocaba la desaparición de los carrileros que ahora triunfan, Alves de extremo no sabía qué hacer con la bola y Tello y Cuenca pasaron por delante de un hombre que debería ser intocable como Pedro.
Idealizar a los entrenadores nunca ha sido positivo. Ahora se dice que cuando Mourinho se vaya del Madrid va a dejar un solar. No lo creo. Lo que no dejará es un sistema de juego en el que se pueda seguir confiando, pero, aun si se va con él Cristiano, el Madrid seguirá luchando por todo. Porque tanto Barça y Madrid tienen de por sí unas plantillas brutales y poseen un potencial económico que les hacen capaces de fichar lo que muy pocos no pueden ni soñar. Con el Barça pasó igual este verano: sólo había que recuperar la sensatez de los tres primeros años de Pep para volver a conseguir más puntos que la temporada pasada.
Gane quien gane el título ya hay algo seguro: la Liga no será blanquísima.
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