FÚTBOL - ¿Se imaginan a un equipo de basket en el que sus cinco jugadores titulares fueran bases? Pues esto es lo que está sucediendo con la selección española. Del Bosque está fundamentando su fútbol ofensivo con jugadores cortados por el mismo patrón, y esto hace que la capacidad de la selección no llegue nunca a su máxima expresión. Por fortuna para él, sus 'bases' son buenísimos, porque con otro tipo de jugadores hubiera sido prácticamente utópico llegar a la final de la Eurocopa.
En realidad, las decisiones del seleccionador esta temporada son muy curiosas: ha seguido con acierto la filosofía de juego de Guardiola (con otro sistema), pero la ejecuta de forma conservadora como Capello, dos entrenadores en las antípodas de pensamiento. Cualquier deporte de equipo, y no sólo de fútbol y de basket, necesita jugadores diferentes, porque lo que no tiene uno lo podrá aportar otro. Del Bosque propone un juego de posición llevado al extremo, en el que todos guardan bien su espacio, la controlan de maravilla (menos Arbeloa), pero por desgracia todos quieren la bola al pie. Y esto es un problema grave, porque, además de no crear profundidad, el mejor constructor del planeta, Xavi, se queda en nada. Si no hay movilidad en la delantera, ¿cómo va a ofrecer su mejor versión? Imposible. En este sistema, el gran Xavi Hernández queda en poquita cosa, ya que sigue controlando la bola como siempre, pero sin poder dar el plus que marca las diferencias y que le han llevado a ser uno de los mejores jugadores del mundo. De ahí su cambio lógico ante Portugal.
En la final, en la que España seguramente se va a encontrar a Alemania, no puede plantear el mismo 'once' titular. Tiene que introducir un nervio, un delantero que sea de gasolina y no de diésel. Uno que no pare de desmarcarse, que pueda desbordar, que toque y se vaya, que vuelva loco a la defensa. Y ese no es otro que Pedro. De hecho, el único jugador titular capaz de jugar sin balón es Jordi Alba, una de las grandes gratas sorpresas, aunque por su condición de lateral no puede prodigarse constantemente en ataque.
Como que es imposible que Del Bosque renuncie el próximo domingo al doble pivote formado por Busquets y Alonso (algo lógico porque en una finalísima siempre hay que ir con pies de plomo), el cambio podría ser por Silva, un jugador de una calidad tremenda pero que no está rindiendo a su nivel precisamente porque juega escorado a la derecha, una posición que le ata demasiado. En cambio, ahí Pedro es un generador inagotable de juego.
Ante Cristiano y compañía, la selección ha jugado con fuego, hasta que ha entrado el delantero canario (y Navas, aunque con mucha menos importancia) y ha dado otro aire al equipo. Ante Alemania, o quién sabe si ante Italia, puede ser decisivo. Una pieza diferente puede cambiar al conjunto. Porque la diversidad, al fin y al cabo, hace la riqueza.
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