Mi trabajo no consiste en tener razón. Consiste en ser interesante. (William Rees-Mogg, 1928-2012, ex director de The Times)

martes, 26 de junio de 2012

Las obras de Laporta: sí, pero no

VARIOS - La última polémica entre Joan Laporta y la actual directiva son las obras para instalar un sistema de seguridad que realizó el ex presidente del club en el domicilio de sus hijos como protección a las amenazas que recibió por parte de aficionados radicales. Que Sandro Rosell no quisiera pagar los 17.000 euros que costaron son otro ejemplo de la rivalidad que hay entre ambos bandos, y Xavier Sala i Martín ya ha salido a criticar la forma de proceder de los dirigentes azulgrana con un artículo titulado 'Los valores del Barça'.

Es lógico que el ex presidente de la Comisión Económica del club se queje de que la directiva ya podía haber pagado las facturas. Ahora bien: ¿esto significa que a partir de ahora cualquier presidente que reciba amenazas puede hacer obras en su casa pagando los socios? ¿Cuántos presidentes se van a aprovechar de esto? ¿Qué se entiende por amenaza? ¿Te tienen que amenazar de muerte o un 'hijo de puta' ya vale? ¿Una o diez veces? ¿No habría que explicar en rueda de prensa: 'señores, el club me va a pagar unas obras porque estoy en peligro'? ¿Un presidente no está para lo bueno y para lo malo? ¿Lo bueno no es el poder que adquieren con los innumerables contactos profesionales que consiguen? ¿Lo bueno no es cobrar 10 millones de euros de Uzbekistan? ¿Estos son los valores de los que habla Sala i Martín?

Insisto: el club tenía que haber pagado estos 17.000 y explicarlo. Pero no nos traguemos todo lo que nos dicen sólo porque nos lo echan a la cara. Porque también se ha dicho (no Sala i Martín, sino en algún debate) que fue una decisión aprobada por junta. ¿Cómo no iban a darle el OK si en aquella etapa ya habían dimitido la mayoría de directivos y sólo quedaban cinco de la junta de 2003? ¿Cómo no iban a dar el OK si todos los que quedaban eran los amigos?

Sala i Martín también explica que Laporta se había negado a hacer las obras y fue Xavier Martorell (ex jefe de seguridad del club) quien le insistió a realizarlas. El economista asegura que hubo "un tira y afloja" en el que, finalmente, el ex presidente cedió. Difícil, cuanto menos, imaginarse a alguien que no tenía reparos en coger un jet privado, o cuyo despacho cobró 10 millones, en hacerse de rogar sólo por 17.000 euros.

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