FÚTBOL - Cuando Guardiola llegó al Barça, la idea estaba más que
clara: 4-3-3, con Messi por el extremo derecho, Henry por el izquierdo y Eto’o
en punta. A pesar de que el entrenador había dicho en su primera rueda de
prensa que no quería a Eto’o (ni a Ronaldinho ni a Deco), el camerunés le dio
un grandísimo rendimiento y el éxito fue incuestionable al lograr Champions
League, Liga y Copa del Rey.
Pero Guardiola detectó un problema: el equipo sufría
demasiado con equipos ultradefensivos, es decir, con la inmensa mayoría de los
rivales contra los que tenía que jugar. Así que, en su segundo año, la
evolución se basó en sustituir un ‘9’ con desmarque y recorrido (Eto’o) por uno
estático y que pudiera jugar en espacios reducidos (Ibrahimovic) con el
objetivo de adaptarse mejor a estos conjuntos tan metidos en su área. Guardiola
lo insinuó en su día al referirse a la marcha de Eto’o: “Es el mejor delantero
centro del mundo al espacio, seguirá marcando muchos goles a lo largo de su
carrera”. En efecto, “el espacio” del que habló siempre ha sido su gran
obsesión y el pilar fundamental por el que se tomaron, se toman y se tomarán todas
las decisiones. Y la teoría decía que,
con el sueco, se conseguiría jugar mejor sin espacio en la espalda de la
defensa contraria.
Sin embargo, con Ibra en el equipo llegó el cambio táctico
más importante desde que Guardiola dirige el Barça. Decidió poner de falso ‘9’
a Messi de forma definitiva, algo que ya había hecho Frank Rijkaard de forma
provisional, y lo que fue una idea brillante se convirtió en el primer problema
importante. Porque entonces, ¿qué se hacía con Ibra? Debía pasar al extremo,
pero, como es obvio, un delantero lento por sus 1,95 metros y acostumbrado a jugar
dentro del área se quedaba en nada jugando de extremo. El resultado fue
decepcionante, ya que el rendimiento de Zlatan bajaba en picado cuando se
situaba en la banda, y taponaba a Messi cuando jugaba por el centro, además de
dejar descompensado el equipo en una de sus alas.
La fórmula no funcionó y las malas relaciones entre Ibra y
Pep fueron el detonante para no darle una segunda oportunidad, a pesar del elevadísimo
precio que se pagó por él (45 millones de euros más Eto’o). La decisión de
prescindir de sus servicios llegó tarde para la Champions (el Barça quedó eliminado ante el Inter
precisamente ante el equipo más defensivo que ha pasado por el Camp Nou), pero
se llegó a tiempo para la Liga (con el Madrid pisando los talones, Bojan arrebató
la titularidad a Ibra y fue clave para lograr el título). Pero lo trascendental
tras todo aquello es que Guardiola aprendió mucho de sus propias ideas, del que
es su sistema ideal de juego, de lo que quiere y de lo que no desea ver ni en
pintura. En definitiva, hoy Guardiola jamás ficharía a Ibra. Y no por su
carácter, que también, sino por las nulas alternativas tácticas que le ofrece.
Así que se cortó por lo sano, se vendió y se compró a un
goleador pero que pudiera jugar en el extremo. Un delantero que pudiera jugar,
como decía Pep, “al espacio”. Y así llegó Villa, que, cabe decirlo, ha salido
airoso de la empresa de jugar de extremo gracias a su enorme calidad, ya que su
rendimiento también se ha visto afectado al tratarse de una nueva posición para
él.
¿Por qué este verano ha llegado Alexis? La respuesta ya es
obvia. Él puede jugar en la banda, como Villa, como Pedro, como Afellay. Une
cuatro aspectos que, con trabajo y humildad, le puedan lanzar a la titularidad:
técnica, velocidad, regate y capacidad de ‘pressing’, algo clave para Pep. ¿Por
qué el Barça vendió a Bojan si se trata del máximo goleador de la historia de
la cantera azulgrana? ¿Por qué se desprende de él si el propio Pep dijo un día que
“tenemos delantero para los próximos diez años”? Porque Bojan es un delantero centro
puro que no sabe jugar en banda. Ni más ni menos. Bajo el mando de Pep, el eje
de la delantera (casi) siempre será para uno, único e inconfundible: Messi.
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