Mi trabajo no consiste en tener razón. Consiste en ser interesante. (William Rees-Mogg, 1928-2012, ex director de The Times)

martes, 14 de febrero de 2012

Alexis o el aprendizaje de Guardiola


FÚTBOL - Cuando Guardiola llegó al Barça, la idea estaba más que clara: 4-3-3, con Messi por el extremo derecho, Henry por el izquierdo y Eto’o en punta. A pesar de que el entrenador había dicho en su primera rueda de prensa que no quería a Eto’o (ni a Ronaldinho ni a Deco), el camerunés le dio un grandísimo rendimiento y el éxito fue incuestionable al lograr Champions League, Liga y Copa del Rey.

Pero Guardiola detectó un problema: el equipo sufría demasiado con equipos ultradefensivos, es decir, con la inmensa mayoría de los rivales contra los que tenía que jugar. Así que, en su segundo año, la evolución se basó en sustituir un ‘9’ con desmarque y recorrido (Eto’o) por uno estático y que pudiera jugar en espacios reducidos (Ibrahimovic) con el objetivo de adaptarse mejor a estos conjuntos tan metidos en su área. Guardiola lo insinuó en su día al referirse a la marcha de Eto’o: “Es el mejor delantero centro del mundo al espacio, seguirá marcando muchos goles a lo largo de su carrera”. En efecto, “el espacio” del que habló siempre ha sido su gran obsesión y el pilar fundamental por el que se tomaron, se toman y se tomarán todas las decisiones.  Y la teoría decía que, con el sueco, se conseguiría jugar mejor sin espacio en la espalda de la defensa contraria.

Sin embargo, con Ibra en el equipo llegó el cambio táctico más importante desde que Guardiola dirige el Barça. Decidió poner de falso ‘9’ a Messi de forma definitiva, algo que ya había hecho Frank Rijkaard de forma provisional, y lo que fue una idea brillante se convirtió en el primer problema importante. Porque entonces, ¿qué se hacía con Ibra? Debía pasar al extremo, pero, como es obvio, un delantero lento por sus 1,95 metros y acostumbrado a jugar dentro del área se quedaba en nada jugando de extremo. El resultado fue decepcionante, ya que el rendimiento de Zlatan bajaba en picado cuando se situaba en la banda, y taponaba a Messi cuando jugaba por el centro, además de dejar descompensado el equipo en una de sus alas.

La fórmula no funcionó y las malas relaciones entre Ibra y Pep fueron el detonante para no darle una segunda oportunidad, a pesar del elevadísimo precio que se pagó por él (45 millones de euros más Eto’o). La decisión de prescindir de sus servicios llegó tarde para la Champions  (el Barça quedó eliminado ante el Inter precisamente ante el equipo más defensivo que ha pasado por el Camp Nou), pero se llegó a tiempo para la Liga (con el Madrid pisando los talones, Bojan arrebató la titularidad a Ibra y fue clave para lograr el título). Pero lo trascendental tras todo aquello es que Guardiola aprendió mucho de sus propias ideas, del que es su sistema ideal de juego, de lo que quiere y de lo que no desea ver ni en pintura. En definitiva, hoy Guardiola jamás ficharía a Ibra. Y no por su carácter, que también, sino por las nulas alternativas tácticas que le ofrece.

Así que se cortó por lo sano, se vendió y se compró a un goleador pero que pudiera jugar en el extremo. Un delantero que pudiera jugar, como decía Pep, “al espacio”. Y así llegó Villa, que, cabe decirlo, ha salido airoso de la empresa de jugar de extremo gracias a su enorme calidad, ya que su rendimiento también se ha visto afectado al tratarse de una nueva posición para él.

¿Por qué este verano ha llegado Alexis? La respuesta ya es obvia. Él puede jugar en la banda, como Villa, como Pedro, como Afellay. Une cuatro aspectos que, con trabajo y humildad, le puedan lanzar a la titularidad: técnica, velocidad, regate y capacidad de ‘pressing’, algo clave para Pep. ¿Por qué el Barça vendió a Bojan si se trata del máximo goleador de la historia de la cantera azulgrana? ¿Por qué se desprende de él si el propio Pep dijo un día que “tenemos delantero para los próximos diez años”? Porque Bojan es un delantero centro puro que no sabe jugar en banda. Ni más ni menos. Bajo el mando de Pep, el eje de la delantera (casi) siempre será para uno, único e inconfundible: Messi.

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