BASKET - La victoria de ayer del Real Madrid ante el Barça Regal en
la final de la Copa del Rey es de las que se recuerdan. El equipo madridista
necesitaba quitarse de encima una losa que hacía mucho que arrastraba y lo
consiguió a lo grande, en un Palau Sant Jordi que esperaba una fiesta local. El
triunfo en Liga del pasado mes de enero (78-74) no fue suficiente, porque ni
estaba Juan Carlos Navarro ni era un partido decisivo, pero esta vez sí. Es un
triunfo con mayúsculas.
Definitivamente, la balanza se ha equilibrado, algo que ahora
es difícil de asumir para los azulgrana, pero que será bueno para el basket. Desde
que Xavi Pascual dirige al Barça, ha habido una supremacía tremenda, una
hegemonía que tuvo como clímax los cuartos de final que dieron la clasificación
para la Final Four de París y, sobre todo, la semifinal de la Supercopa ACB
disputada en Vitoria en 2010 y que acabó en paliza histórica (89-55). En los
últimos años difícilmente se ha visto, en dos equipos del mismo estatus, tanta
superioridad en un mismo terreno de juego como en aquel encuentro. Y ya no en basket, sino en todos los
deportes. Quizás el 5-0 del Barça de Guardiola al Real Madrid llegara a ese
nivel, pero las sensaciones que dejó aquel encuentro fueron tremendas. Tras el
partido, las caras de los jugadores madridistas en los pasillos del Buesa Arena
decían mucho más que el sonrojante resultado. Era lo más parecido a un funeral.
Pero esto ya es historia. Joan Creus y Pascual, que juntos
han dado –están dando- los mejores años de la historia de la sección, deben
hacer un análisis y concluir si es una derrota circunstancial o estructural.
Las necesidades del equipo casi siempre se han cubierto con acierto, pero a
nadie se le escapa que Joe Ingles y CJ Wallace no están dando el fruto que se
esperaba, y la prueba más evidente es que suelen ser el descarte obligado que
tiene que hacer Pascual en cada jornada de Liga.
Febrero y marzo son meses importantes para la planificación
de la próxima temporada, porque a estas alturas ya se conocen los puntos
fuertes y débiles del equipo. Y ahí entran también dos nombres importantes,
como son Erazem Lorbek y Pete Mickeal. El primero acaba contrato en junio y puede
irse a la NBA, un deseo que ya hizo público el pasado verano, y el segundo,
que tuvo que pasar el año pasado por el
trance del tromboembolismo pulmonar, cumple pasado mañana 34 años.
Seguramente se avecina una pequeña renovación, pero el
contexto no es favorable. La reducción de presupuesto en el basket azulgrana no
ayudará a la hora de rastrear el mercado. Las bajas y altas serán absolutamente
clave, porque marcarán el futuro de la sección y si no se acierta se puede
pagar caro. El mejor ejemplo es el Madrid, que sólo ha podido con el Barça después
de veinte tantos fichajes en la segunda etapa de Florentino Pérez. Y ni así se
puede decir que ya ha tocado con la tecla, ya que en la Euroliga ha sufrido el descalabro ante el Gescrap Bizkaia y no tiene el futuro asegurado.
Ahora el Barça debe recuperar bien a Navarro de su fascitis
plantar y a Eidson de su lesión de rodilla (tres semanas de baja). Confiar en la plantilla, rescatar
la autoestima y seguir adelante. Porque, al fin y al cabo, casi todo depende de lo que dijo Creus después de ganar la Euroliga: “El éxito está en la continuidad”.
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