FÚTBOL - El deporte ha dado mil ejemplos de ello. Es lo que te hace ir al cielo u odiar este mundo en el que todos van de corto. Es Iker Casillas sacando con el tobillo un balón franco de Arjen Robben en la final del Mundial de Sudáfrica. Es Rafa Nadal tirando fuera un 'passing' fácil que le hubiera situado a un punto del 5-2 del quinto set en el último Open de Australia. Es Pau Gasol intentando un último lanzamiento sobre la bocina en la final del Eurobasket de 2007.
Y sí, como en la final de la Copa de Europa de Berna, donde muchos de nuestros abuelos vivieron contra el Benfica el día más cruel de la historia del Barça, es disparar cuatro balones al palo en una semifinal. Es, también, que el rival no quiera jugar el balón pero defina con exactitud ante la portería cuando quiera hacerlo, con el poder que da la magia del deporte.
Hoy es un día en el que no apetece hablar de tácticas, ni de sistemas, ni de planteamientos. Como dijo Guardiola tras el encuentro, "tuvimos que parar después del segundo gol". No se hizo. Ya está. Lo que no se puede olvidar es que esta magia que te jode cuando quiere, es la misma que te hace recordar un momento para el resto de tu vida. Kaiserslauten, Wembley, Stamford Bridge y tantos otros momentos forman parte de esto. Lo que no se puede olvidar, en definitiva, es que este centímetro de crueldad que se vivió ayer es, paradójicamente, lo que hace irresistiblemente grande el deporte entre equipos.
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