FÚTBOL - A José Mourinho le han caído muchos palos por poner de titular a Coentrao en lugar de Marcelo, pero, sinceramente, no parece que ésta sea la clave fundamental del partido ante el Bayern Munich. La alineación, con Ozil, Di María, Cristiano y Benzema era, en principio, puramente ofensiva y es comprensible que el entrenador quiera un lateral más defensivo, sobre todo ante un rival que tiene dos bandas peligrosísimas. De hecho, esto mismo hacía en muchas ocasiones Pep Guardiola con Sylvinho y Abidal: según el partido jugaba uno u otro, a pesar de que estaba claro que el francés era el titular. Tampoco se lo ha pensado mucho en poner a Puyol cuando ha habido lesiones.
El problema de fondo es que a ningún equipo le puede servir usar a cuatro delanteros si no se quiere atacar. De inicio, el Madrid no salió al ataque pero cuando anotó el 1-1 fue peor porque sólo se dedicó a situarse en su campo y a dejar pasar el tiempo. Para hacer esto, a Mourinho le interesaba tener jugadores con capacidad para esconder el balón, y no parece que cambiar a Marcelo por Ozil responda a esta necesidad. Sí, en cambio, Granero por Di María, cambio pensado precisamente para ganar posesión y controlar mejor el medio campo.
Mientras que el Madrid se dedicó a quitarse el balón de encima y jugar balones largos (algo absolutamente incomprensible porque es una constante pérdida de balón), el Bayern jugó los minutos con más cabeza de todo el encuentro. Es una obligación ver repetido el gol de Mario Gómez para comprender la calma con la que el conjunto alemán disputó los últimos instantes. Balón de central a central, que pasa al medio campo, se intenta jugar por banda izquierda pero no se puede, se vuelve al medio campo para probar por la derecha, hasta que llega Ribery, que ve que no puede driblar y cede a Lahm, que supera a Coentrao y se saca el famoso centro medido a Gómez. Es decir, el equipo que estaba contra las cuerdas, el que estaba exaltado por su afición, lo que a veces se traduce en precipitación, el que siempre realiza un juego sumamente directo, resulta que fue el que tocó y tocó hasta encontrar el agujero. Algo que jamás ocurrió con el Madrid cuando marcó el tanto del empate, cuando tenía al rival atado y la final a tocar.
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